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OL SASHA TIENE SANGRE GITANA QUE HECHIZA LAS ALMAS

Probablemente hay artistas con mucho más talento y técnica que Ol Sasha. Seguramente hay artistas que no logran ser tan buenos como Ol Sasha. Pero ningún artista es igual a Ol Sasha, no hay uno similar a él. Ninguno se le parece. Su carácter singular y su temperamento humanista, lo convierten en algo realmente único. Su interés por nuestra especie y la sensibilidad con el planeta, lo hacen muy singular. El mensaje de aliento para un mejor modelo de sociedad y un estilo de vida más consciente y pleno, consiguen que sus canciones resuenen en el alma de la población mundial. Su aura describe su propia alma desnuda y, a eso se le otorga la mención de originalidad que solamente los grandes personajes históricos destellan como rayos de luz. El Rockaware perdurará, incluso después de que el artista se retire o fallezca. Ol Sasha y su música, permanecerán en el seno de la civilización.

Pero surge la pregunta: ¿qué es realmente el arte? ¿Qué significa ser artista?

Por otro lado, ¿quién puede ser el juez?… ¿Deben premiarse los gustos condicionados?

Los documentos históricos detallan el juicio de cada época. Pero es “la verdad y la belleza del arte” lo que se mantiene en el alma colectiva de la gente. No todo el arte actual contiene verdad y belleza. Se abusa de la técnica y los efectos artificiales. Se falsean las cosas para que “queden más bonitas”, por lo que “lo espectacular” tiene mucho de truco y falsedad, y muy poco de honesta genialidad orgánica, es decir, autenticidad.

La verdad que el arte contiene, nunca debería ser juzgada y censurada, pero la industria musical y el Sistema controlan la información que llega al pública. Cada vez menos, gracias a Internet. Aunque también los buscadores imponen cierta tiranía a la hora de presentar las opciones, en igualdad de oportunidades para los artistas nuevos, frente a los que son apoyados por las discográficas y las grandes multinacionales de software.

La verdad artística, y la belleza de un mensaje que se comparte, a menudo pasa por la estética y los gustos generalizados. Estos estereotipos que la propaganda impone a base de repetición y repetición y repetición, hasta que se convierte en moda, representan un atentado cruel y brutal. Se coarta la libertad del público que no dispone de la posibilidad del descubrimiento de otras expresiones artísticas y de otros movimientos musicales que discrepan o se distancian de las propuestas del mercado. Son muchas las expresiones artísticas que tienden a silenciarse. Cuando no se pueden comprar y encerrar en un contrato en la sala de juntas, ese “producto” musical, imposible de controlar, se descarta, y se arrincona. No interesa a la industria. Queda vetado. Se inscribe en la lista negra.

Debe llegarse a la “belleza artística” a través del rigor de un análisis académico y técnico de la ejecución de la pieza que se canta y se ilustra con movimientos. O por el contrario, debe primar la honestidad y el coraje personal de quien exhibe su energía y la mueve con su propio arte frente al público, ofreciendo lo mejor de sí mismo, con el grito del alma en sus labios.

Todos los letristas de las canciones, tienen la posibilidad de expresar ideas y articular mensajes. Las ideas pueden ser universales y atemporales, pero ¿deben de ser de utilidad para la sociedad? ¿Tienen la obligación de ser ciertas?

Todos los músicos que componen las melodías, hilvanando notas, cuya consecución armónica resulta maravillosa, ¿deben asegurarse de que van de acuerdo a la atmósfera del mensaje que se transmite? ¿Deben opinar acerca de la temática que tratan sus composiciones?

Todos los intérpretes de canciones con una letra que no han escrito, y una composición de la que no han participado, ¿pueden variar los tonos y los ritmos? Quizás depende de su cotización en el mercado y, algunos que sí tienen la atención y le prestigio pueden alterar las canciones. Pero lo curioso en este punto es… si la persona que canta no ha escrito la música ni la letra de las cosas que canta… ¿engaña a la audiencia con su actuación?

Todos los productores musicales que coordinan a un equipo técnico y artístico para confeccionar el “producto musical”, ¿buscan únicamente lo comercial? ¿Se centran en melodías predecibles y sencillas, fáciles de memorizar y tararear? ¿Tienen en cuenta los factores sociales y el momento histórico que atraviesa nuestra civilización? ¿Se enfocan en la posibilidad de los premios o en elaborar un producto artesanal que cautive la sensibilidad de los oyentes y sea mucho más que solamente entretenimiento vacuo y frívolo?

Mi alfabeto es la música, mi comunicación es la vibración del alma, y lo más representativo de mi ser, no es otra cosa que el anhelo de aunar esfuerzos para mejorar nuestro estilo de vida y la sociedad que levantamos todos con cada uno de los pasos que damos y las decisiones que tomamos – Ol Sasha.
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Ol Sasha transmite expresiones, términos, conceptos, que todos van en dirección al mensaje unitario de su proyecto musical: anarquía del alma para alcanzar juntos la sociedad que se mejora a sí misma desde la base. El artista menciona el empoderamiento ciudadano para salvar al planeta de las garras del Sistema. Canta sobre la necesidad de aunar esfuerzos para establecer como pauta los principios humanistas que erradican el egoísmo la codicia y la violencia. Baila con la urgencia del alma excitada, como si le lloraran los pies, alentando con su ejemplo. Muestra sin tapujos sus propias vivencia personales y experiencias existenciales como ser humano y ciudadano comprometido con su raza. Es Ol Sasha, ¿un artista? ¿Sólo es un cantante mediocre?

Las ideas contemporáneas que pueden influir en el acontecer cotidiano, no parten únicamente de la propaganda institucional y la publicidad orquestada por un Sistema que arrolla las almas humanas. Las ideas que estimulan el alma enamorada de la vida, palpitan en algunas canciones. Todavía en un corto número de canciones. Recurrir al mensaje directo a la ciudadanía planetaria, es lo que Ol Sasha se ha propuesto desde que hace dos años.

Decidió participar de la música, pero no del modo habitual. Lo hace desde la autonomía y la independencia, escribiendo, componiendo, produciendo, interpretando, promoviendo los eventos musicales que van más allá de un concierto. En su agenda están las tertulias informales con grupos de jóvenes, las conferencias en foros abiertos a la mejora de la sociedad y las soluciones para reducir el calentamiento global. También realiza talleres de coaching para el desarrollo humano y el crecimiento personal, utilizando su música como vehículo que sana.

Toda obra de arte que ha perdurado en la historia, ese arte que proviene de las almas activadas de los artistas que desvelan su genialidad, son los atributos que la misma raza humana nos ha legado. Son manifestaciones sociales, que inicialmente fueron encasilladas con la etiqueta de “provocación”. A menudo al talento se le ensucia con el manto de la “locura”. Pero Ol Sasha señala que una cosa es estar “demente” y, otra muy distinta es permitir que la vibración se expanda. Locura, añade, es ser “salvaje”. Locura significa ser valiente y sincero, y desplegar los dones naturales y los talentos particulares sin avergonzarse o limitarse y, sin importarte nada de lo que suceda después.

El verdadero artista siente lo que hace y no puede dejar de hacer lo que siente ¡adentro! Entonces lo comparte. Vive con amor y ama cuanto vive. Es fiel a su esencia. Está en paz consigo mismo. Lo está, porque no se traiciona. Así es la imagen que refleja Ol Sasha. Somos uno y lo que vemos, es el reflejo de nosotros mismos, de cuanto llevamos cada uno dentro de nosotros. Esta cualidad es bastante inusual, no es la rutina de nuestros días. Esta magistral conexión, no suele suceder con la mayoría de artistas que inundan las radios y las giras mundiales, llenando estadios. Una cosa es música. Otra cosa es ruido enlatado.

 

El Rocakware contiene los desafíos de nuestra especie. Las soluciones están presentadas de manera amena. Todo cuanto lleva adentro Ol Sasha lo comparte públicamente. Es un explorador que busca y encuentra la verdad y la belleza. La presenta en forma de ritmos y melodías que le recorren las venas y supuran por su piel.

Un artista con mayúsculas, es aquel que logra penetrar la problemática social y humana, y la integra a su obra de manera favorable y constructiva. La obra de Ol Sasha se caracteriza por su entusiasmo y vigor social. Pone al servicio de la audiencia las pautas de conducta que contribuyen a mejorar la calidad de vida y la prosperidad de nuestra raza en aspectos relacionados con la alegría y la plenitud. Su interpretación pasa por la técnica vocal, claro que sí, pero durante el show, demuestra que se olvida completamente de ella. La aplica durante los ejercicios, en su rutina de entrenamiento. Pero una vez está frente al público, se adapta al auditorio para conseguir la simbiosis. Así surge la inolvidable experiencia.

Mantiene un cierto estilismo, pero es fruto de la espontaneidad. El exacto repertorio de gestos y malabarismos vocales en cada show, reflejan lo artificial de la vivencia, pues cada ciudad, cada momento y situación, cada persona con la que entra en contacto visual y, mutuamente se sonríen, es garantía de la experiencia común de amor a la música y a la sensibilidad humana que se dinamiza de manera creativa. Se danza, aún estando sentados.

El Rockaware nace para poder revelar las verdaderas intenciones del artista. Existe para que sus motivaciones se canalicen en cada canción, en cada concierto, en cada reunión donde la energía hierve y flota en el ambiente la consciencia de unidad, junto a la fraternidad.

El saber -por qué- haces lo que haces es vital. Pero entender el -para qué- cantas y presentas un mensaje, es el mayor éxito de Ol Sasha. El triunfo no resulta de la cantidad de descargas en streaming o la cantidad de visitas en el canal de vídeos musicales. Acertar con el propósito existencial y ejercer la ocupación vital, es lo que hacen de este ciudadano un artista extraordinario. Alcanzar su pureza en un mundo manipulado donde los engaños oficiales y las mentiras institucionales y los condicionamientos musicales se dan a diario, conservar su autenticidad y la esencia intacta, que se expone ante el público, son motivos para sentirse ARTISTA COMPLETO.

 

Un intérprete que se exige a sí mismo veracidad y honestidad en la búsqueda de los contenidos de la obra interpretada y, con ese material identificado como hermoso, lo presenta desde la humildad, entregándose a la fiesta con suma modestia, sin pretender un protagonismo excesivo o el lucimiento personal, es digno de aplauso. Pero ésta no es la tónica general del momento actual.

Desde hace décadas, los “artistas prefabricados” han limitado las opciones de ofertas talentosas que se limitan a existir como “seres invisibles” en Internet. ¿Cómo puede volverse popular alguien que todavía es desconocido por el público? ¿Cómo van a descargar su música si la audiencia no sabe que existe? Cada vez menos, pero todavía los grandes conglomerados de la industria musical mueven las cosas a su gusto, y según sus intereses económicos que suelen distanciarse de las “necesidades artísticas”. Lo que funcionará y se venderá, sin duda parte de criterios artificiales, y de una clara intención de manipulación.

Ol Sasha agrega al “entretenimiento” la función del “servicio a la comunidad”. Sus ideas positivas de “utilidad social”, van más allá de las partituras efectivas que garantizan ventas. Ideas de vanguardia, sensaciones para lo favorable y los sentimientos de unidad y fraternidad, pululan por su obra de consciencia para “el despertar”. Contribuye a la toma de consciencia colectiva y brinda herramientas para las acciones planetarias que mejoran la vida en en el planeta. Produce reflexiones en el oyente. Anima a la transformación que trasciende en favor de la verdad del amor en libertad. Sus canciones significan la inspiración que eleva los espíritus de hombres y mujeres que se replantean su forma de existir, acercándose a la apuesta, por la totalidad, de la plenitud humana al alcance de todos. Invita a nunca conformarse con nada que sea menos. Motiva a las personas que lo escuchan con tranquilidad. Algunas canciones deben atenderse un par o tres veces, al menos, hasta conectar con su vibración energética.

Es deber del intérprete, la responsabilidad de su mensaje. Existe, por lo tanto, una “sensibilidad humana” que debería ser la asignatura habitual, en vez de lo banal, de mucha de la música actual que “no te lleva a ninguna parte”. Quizás llama la atención de una gran masa de individuos hipnotizados por los estereotipos y adictos al “producto enlatado” que se consume para usar y tirar, según el mercado vaya imponiendo la sucesión de “estrellas fugaces”.

La profundización del Rocakware en la historia de la raza humana, es el compromiso de la tarea comunitaria que pasa suavemente por la pedagogía y la terapia, para desde el baile y el canta del alma, alcanzar actitudes y conductas de mayor calado humano y social.

Entre el artista “comunicador de un mensaje” y los oyentes que reciben “las propuestas” se establece una relación de afinidad. Se desarrolla una actividad especial que une y reúne en el camino del aprovechamiento para la prosperidad espiritual que tanto urge en nuestra época. Basta el reconocimiento mutuo como interlocutores válidos en el proceso para que la dinámica funcione creativamente.

Se mezcla entonces el espectador con el jugador. El público y el actor del escenario, se funden en uno solo. Intercambian papeles y funciones en una sinergia sin igual. No hay un maestro y un alumno. Ambos son lo uno y lo otro al mismo tiempo. Este es el gran logro.

Con la voz humana inició en paralelo la música. La voz humana sigue siendo el instrumento de máxima capacidad expresiva. No todas las voces mantienen una “destreza artística”. Pocas son las personas “con duende” que ponen al descubierto su habilidad.

Un artista “con duende” es aquella mujer u hombre con un talento especial que lo caracteriza y diferencia de los demás. Ésta referencia, suele utilizarse a menudo en el mundo del Flamenco. Bien sea porque la persona deslumbra en el canto o en el baile, en su “toque de guitarra” o en la manera de apaciguar al toro. Tener -duende- equivale a una manera de señalar que “ése tiene alma”. Pues sí la tiene Ol Sasha, alma, y además la exhibe con total descaro. Hechizando a diestra y siniestra.

 

Los “gitanos” son mucho más que un pueblo nómada de piel oscura y cabello negro largo. Provenían de la India, y avanzaron hasta la punta de España, deteniéndose en Andalucía a causa del mar. Por el camino se diseminaron por toda Europa, con sus ritos y sus costumbres, igual que el pueblo nativo de América, antes de la llegada de la invasión.

La comunidad gitana dispone de una cultura y una organización social muy propias de su carácter. En su sangre, ese líquido de color rojo típico de los vertebrados, no sólo impulsa la vida hacia el corazón. Además alcanza al alma que se riega por todo el cuerpo sin distinción.

Circula por los vasos sanguíneos de Ol Sasha este elixir “con duende”. El cuerpo de las personas transporta la energía de la vida. Es más que oxígeno transitando, y agua que entra y sale de la caja que alberga el alma. Los alimentos de esta clase de gente, son la dignidad y la libertad, básicamente. No admiten autoridad ajena a su comunidad. Tal vez son el mejor ejemplo de la anarquía, cuya premisa es el libre albedrío y la negativa a asumir influencias externas. Sobre todo si vienen impuestas con disfraces y engaños.

La abuela materna de Ol Sasha era adoptada. Todo apunta a que era la hija de una sirvienta gitana. Una singularidad de “los gitanos” es que se unen y se reúnen y jamás dudan en defender a los de su misma sangre. La misma sangre es roja en todos los seres humanos y, por esta razón es erige Ol Sasha como defensor del ciudadano, un protector de hombres y mujeres y también el mejor despertador de almas. Con el Rockaware ha conseguido que su mensaje sea nómada de verdad, y alcance a todos los rincones del planeta.

Una de las características específicas “del pueblo gitano” son las formas de organización familiar y comunitaria, además de las redes de cooperación que establecen entre ellos, enfocadas en el diálogo y el respeto mutuo, centradas en el valor de la palabra dada y la solidaridad que favorece la cohesión. Estos rasgos, así como la dinámica del bien común, consiguen el mantenimiento de su identidad. Es con esta misma premisa que Ol Sasha ha fundado el género musical Rockaware.

Mi alma negra y mi sentir gitano, de mi ser, son lo más elemental que tengo, lo más profundo de lo que dispongo, lo más aristocrático de mi energía vital. Me considero ciudadano cósmico arraigado al mismo centro del planeta, mi hogar, nuestra casa, la casa de todos por igual. Un hogar a conservar y proteger por cada uno de nosotros, sin distinción de país o condición social – Ol Sasha.

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